¿Somos los traders como niños?

TRADERS COMO NIÑOS

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Hoy me ha preguntado el primo de mi vecino (no va con segunda intención…) que si somos los traders como niños. Sí, toda esa gente que se dedica a especular, a operar en los mercados, a comprar y vender acciones, índices, divisas o lo que sea…

De nuevo nota mi cara de extrañeza, porque se supone que esto es un negocio. Una ocupación, una profesión o afición para gente adulta (de edad o de mente). El calificativo de infantil es uno de los que menos debiera aplicarse a quienes han escogido este camino. Como a él, además de operar también poco a poco desde la cuenta  del broker que le recomendé y tras haber hecho el curso de trading en el que confiaba, también le gusta filosofar y pensar. También, por qué no, ver las opiniones y comportamientos de gente, que también intenta triunfar y operar con éxito. Mientras iba leyendo, hablando y escribiendo con unos y con otros, le ha dado tiempo este fin de semana a plasmar todas esas reflexiones en una especie de cuento, que accedo encantado a que me lea…

¿Estamos preparados para ser libres?

A menudo, en la vida y en el trading, solemos cometer con excesiva frecuencia el error de no saber valorar ni apreciar todas las connotaciones que el concepto de la libertad conlleva. Podemos equivocarnos al no saber emplear tan ansiado don. En vez de aprovecharnos de todo lo que podríamos disfrutar siendo “libres”, terminamos desbocados, sin rumbo, y erráticos. Terminamos inmersos en una espiral perjudicial para nuestros intereses. Vagando por una senda que no nos llevará hasta nuestra ansiada meta.

Queremos gozar de la libertad. Soñamos con ser libres y que nada ni nadie nos imponga reglas, normas ni presuntas negativas prohibiciones. Pero, ¿sabemos y estamos preparados para ser libres?. ¿Somos capaces de aprovechar las virtudes de la libertad sin que terminemos dañándonos a nosotros mismos, y perjudicándonos bajo nuestra única responsabilidad?.

Anécdota

Cuentan que hubo una vez una lejana y diminuta isla en medio del más profundo océano. En la isla, convivían en total armonía y felicidad sus habitantes. Tenían una especial característica. Al no tener acceso ni a la televisión, ni a los teléfonos móviles ni a las redes sociales, por razones más o menos lógicas, la población infantil era muy abundante. El número de niños superaba al de adultos, pero crecía y se desarrollaba sin aparentes problemas entre los muros de dicha isla.

Porque desde tiempo inmemorial, al estar situada en lo alto de un rocoso y muy empinado acantilado en todo su perímetro, sus gobernantes decidieron, en pos de la seguridad de los juegos y carreras de tan tiernos infantes, construir un elevado muro de piedra por todo alrededor de la minúscula isla. El muro fue diseñado de tal modo, que resultara integrado con el paisaje. Tenía muchos huecos para gozar con la vista del cambiante color del océano que les rodeaba. También cubierto de una generosa capa de musgo y flores silvestres.

Los niños de la isla jugaban  y corrían así por todo su terreno a todo aquello que su imaginación les invitaba. Pasaban las tardes totalmente felices y dichosos, compitiendo con la pelota en partidos interminables hasta la puesta de sol. Gozaban de total tranquilidad tanto para ellos como para sus padres, al saber que, dadas las dimensiones de la isla, no podrían ni perderse ni corrían el riesgo de caer por las rocas hacia las profundidades.

Eliminando barreras…

Pero un día, tras un cambio de gobierno, quien asumió el mando pretendió dárselas de innovador y revolucionario. En pos de una supuesta libertad que deseaba imponer para su pueblo, mandó derribar de inmediato todos los muros que existían hasta entonces. Según tan presunto sabio gobernante, impedían el normal y libre desarrollo de los hijos de todos, que no podían así expresarse al tener que crecer y jugar con cortapisas y barreras.

A la tarde siguiente del derribo de los ancestros muros, salieron de nuevo todos los niños con la algarabía acostumbrada y con sus balones bajo el brazo. Comenzaron a jugar como de costumbre, pero pronto cesaron en su actividad y en sus carreras.

El juego era muy complicado de llevar a cabo, al ver cómo sus escasos balones se perdían uno tras otro al caerse al océano cada vez que tiraban algo más fuerte de lo normal. Por otro lado, más de un pequeño estuvo a punto de caer por las rocas al no frenar a tiempo sus carreras.

Además, sin la proteccción del muro, el aire les golpeaba con mucha más fiereza. Ya no les resultaba tan acogedor ni tan cálido el campo de juego. Cuando trataban de jugar, lo hacían con miedo y desconfianza a caerse o a ver cómo se perdían, caían o volaban sus juguetes.

A ello se unía que sus padres, asustados a su vez por el riesgo que suponía para sus hijos el caer desde lo alto y perecer ahogados, ya no les dejaban salir con tanta frecuencia, y ni estaban ellos tranquilos, ni sus hijos eran ya felices.

Aplicando el cuento.

Entonces el monarca, sorprendido por el silencio que reinaba en los últimos tiempos en la isla, y escuchando las quejas de sus súbditos, se dio cuenta que, dadas las especiales características de su reino y su situación en medio del océano, no suponía un menoscabo alguno a la libertad de sus habitantes el dejar los muros levantados, sino que éstos iban a servir precisamente para que todos crecieran y se desarrollaran libres, felices y seguros.

Y cuentan también que si en la historia anterior donde dice “niños” ponemos “traders” y donde se alude al gobernante ponemos “nuestra mente, nuestro ego o nuestra voluntad”, nos podremos aplicar totalmente la moraleja y entender cómo, en la vida y en el tráding, a menudo son totalmente necesarias el poner una serie de reglas, de conductas y preceptos éticos, morales, de comportamiento o de operativa, que ya sea en forma de reglas o de stops obligatorios, nos ayuden a “jugar” y a tradear con mucha más eficacia y seguridad, sin que nos caigamos, ni en el mar ni en la ruina…

No somos peores traders ni peores personas ni somos menos libres si nos autoimponemos una serie de reglas de obligado cumplimiento. Nadie es nuestro jefe, y los gobernantes somos nosotros. Pero no podemos convertir esa libertad en un libertinaje para nuestra cuenta, y operar sin stops, sin normas, a contra tendencia. Sin límites justos y necesarios.

¿Qué somos realmente?

Pues no me queda más que corroborar todo lo que el bueno del primo de mi vecino ha escrito y pensado. Saber que podemos ser LIBRES pero que nos debemos  totalmente a unas REGLAS de obligado cumplimiento, que nos llevarán nuestras metas previstas, paso a paso.

Somos personas, somos traders y somos libres. Pero tenemos también responsabilidades y obligaciones. Con nosotros y con los que nos rodean. Seamos niños para no perder la ilusión, la imaginación ni las ganas para seguir viviendo y tradeando. Pero adultos para vivir y operar con los límites que sabemos debemos marcarnos y respetar… Traders como niños

Comprometerse a hacer eso las siguientes horas, y las de mañana, y las del día siguiente.

Y tú…¿Qué opinas? 

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2 respuestas

  1. Me encanto tu post Gonzalo!
    Así es, si no somos disciplinados y responsables no lograremos nada.
    Yo soy nuevo en esto del trading, momentaneamente escribiendo e investigando nomas, pero coincido en tu postura. El trading no es magia sino esfuerzo y dedicación continua.
    Un cordial saludo! Ya tenes un suscriptor más.

    1. Mil gracias Adrían…(o mejor dicho, 10.000 gracias)
      Disciplina, responsabilidad, esfuerzo, dedicación…y encima, lo malo (o lo bueno, según se mire) es que tenemos que ser nosotros los propios vigilantes de nuestro propio comportamiento, auto obligarnos a cumplir el plan de trading que sabemos que debemos de cumplir y que, inexorablemente es la única forma de pasar a la meta…
      Me pasaré por tu blog, y encantando de que pases por aquí.
      Ojalá mis reflexiones en alto (y las del primo de mi vecino…) puedan ayudarte…
      Saludos, suerte y gracias

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