Hoy me ha preguntado el primo de mi vecino si podíamos explicar lo que son las leyes de PARKINSON y la ley de PARETO aplicadas al mundo del Trading y de las Inversiones.

A menudo, en la vida y en el trading, se suelen confundir los conceptos de libertad financiera con ausencia de normas y de principios preestablecidos, pensando erróneamente que invertir es algo carente de disciplina y de reglas que nos controlen y ayuden.

Por desgracia, se vende con mucha frecuencia la idea del trader ó pequeño y mediano inversor como alguien que hace lo que quiere y del modo que desea, y que al ser su propio jefe en la toma de sus decisiones personales, no debe aceptar ningún tipo de pautas de conducta o limitaciones de ninguna clase.

La realidad y los mercados, por suerte o por desgracia, resultan ser completamente distintos y en esta campo, casi más que en ningún otro sitio, es preciso ceñirse no ya solo a un determinado sistema que nos ayude, oriente y controle nuestra propia forma de operar e invertir, sino ser siempre objetivamente disciplinados, para dejar lo más posible a un lado la improvisación y las propias emociones y para respetar una serie de conductas y rutinas que nos eviten la impulsividad y nos canalicen hacia la consecución de los resultados y objetivos que esperamos.

Al fin y al cabo, invertir es arriesgar nuestro dinero y nuestro tiempo, y mal haríamos si nos desentendemos de la necesidad de aprender y obligarnos a dejarnos guiar siempre por un sistema y forma de operar en el que de antemano sepamos nuestras propias leyes, entendidas como reglas o normas, y factores invariables y como principios en los que deberemos basarnos para tratar de evitar sufrir daños en nuestra moral…y en nuestra cuenta.

No vamos a entrar en la infinidad de formas  que existen a la hora de enfrentarse a los gráficos y a los mercados bursátiles  y tomar nuestras decisiones de invertir, pero ejemplificaremos dos principios que nos pueden servir de apoyo y reflexión, tanto en las finanzas como en nuestra vida cotidiana, y que se engloban bajo los nombres de la Ley de Pareto y la Ley de Parkinson.

La regla o el principio de Pareto (atribuida a un economista y sociólogo de dicho nombre) también conocida como la regla del 80/20, establece que, de forma general y para un amplio número de fenómenos, aproximadamente el 80% de las consecuencias proviene del 20% de las causas.

Podemos también extendernos y redefinirlo de muchos modos distintos (siendo flexibles con esos porcentajes, arriba o abajo) y aplicarlo a muchos otros campos :

 La ley de Pareto nos da un punto de partida: asumiendo que el 20% del esfuerzo genera el 80% de los resultados podremos buscar motivos para actuar de modo diferente y así:

En el trading y en las inversiones, por ejemplo, no es igual cantidad que calidad y como hemos reiterado muchas veces, no vamos a ser más rentables ni más eficientes si estamos 10 horas delante de las pantallas, o si hacemos 80 operaciones o si nos dispersamos e intentamos abarcar demasiado o si no pedimos ayuda o asesoramiento o si estamos sin dormir mirando como un determinado activo financiero va en nuestra contra sin saber qué hemos de hacer…

Se trata de intentar optimizar nuestro esfuerzo, nuestras operaciones, nuestro tiempo, nuestras inversiones… y obviamente, buscando al final revertir y hacer crecer un poco ese ratio  para reducir la parte improductiva e ir aumentando del 20% que nos genera valor, al 30, al 40%…

Y después, tratar de aplicarlo de modo práctico para concentrarnos lo más posible en buscar nuestro propio pequeño porcentaje de esfuerzo e inversiones de calidad que realmente nos terminen dando el mayor porcentaje posible de satisfacciones y resultados positivos, focalizándonos y distinguiendo entre lo que nos es útil y nos aporta, y entre lo que nos roba tiempo, energía…y dinero.

Y relacionada con este principio de Pareto, también viene a estar la Ley de Parkinson (enunciada en 1957 por Cyril N. Parkinson) y que viene a decir que todo trabajo se dilata indefinidamente hasta llegar a ocupar la totalidad del tiempo disponible para su completa realización y, por lo tanto, que el tiempo invertido en un trabajo varía en función del tiempo disponible.

Se conecta con nuestra tendencia a la distracción continua,a no empezar algo (por ejemplo, a no empezar a ponernos reglas a la hora de invertir en los mercados, a dejar las cosas de un día para otro y esperar a realizarlas al último día…o sea, a procrastinar y a complejizar una tarea cuando tenemos más tiempo para hacerlo.  

Es más que una teoría de administración del tiempo y puede ser una buena herramienta para pensar nuestras tendencias, nuestros actos  y contrarrestarlas. Es una forma de ser más inteligentes en el manejo de recursos y sacarle el jugo a nuestros días y a nuestro tiempo.

Conozco mucha gente que intenta aprender a hacer trading y se propone ir aprendiendo sin prisas y disponiendo de todo el tiempo del mundo, pero luego no es capaz ni de terminar el primer libro básico que se había propuesto terminar…o quien se tira simulando y simulando, y cambiando eternamente de sistema, dilatando eternamente  el paso al real, o difiriendo una y otra el dar un paso adelante en sus inversiones y sacar por fin una rentabilidad a sus ahorros (ya sea por cuenta propia o delegando en otros), pero ve que van pasando los días y al final no hace nada. Y así:

Además, las tareas, las ideas, los proyectos, los “deseos de comenzar algo” sin fecha de vencimiento, tienden a hacerse eternas.

Cuando hay recursos limitados encontramos creatividad, energía, recursos y foco. Eso implica fechas límites y además, energía y compromiso máximo.

Si disponemos de 48 horas para terminar un trabajo… estaremos “enredados” esas 48 horas en la tarea (distrayéndonos con frecuencia, obviamente) y aún nos faltarán más para conseguir lo que queremos. Si, en cambio, nos ponen (o nos autoimponemos nosotros) un plazo de la mitad, de 24 horas, seguro que podemos obtener resultados parecidos trabajando mucho menos y de un modo más organizado. Si tenemos un plazo de tiempo más ajustado para llevar a cabo una tarea, ese poco tiempo nos llevará a concentrarnos en la ejecución práctica y concreta y en lo realmente esencial, dejando de lado los detalles menos importantes que no deberíamos priorizar.

De esta modo podemos apreciar como el tiempo se dilata y se contrae según nuestra forma de trabajar. Si queremos buscar un sistema válido de inversión, nos eternizaremos  buscando  conseguir la perfección, pero en la mayoría de ocasiones no tenemos ni siquiera que hacer las cosas y nuestra operativa muy bien, nos debería bastar con hacerlas bien (y sin cometer grandes fallos ni errores que nos resignamos a corregir). Deberíamos pues centrarnos e involucrarnos en lo importante, y hasta en lo simple, porque nunca habrá ningún sistema de inversión perfecto, sin sus operaciones erróneas y sin sus lógicas pérdidas.

Si nunca hiciste algo (invertir, por ejemplo) es difícil que salga perfecto a la primera, pero hay que ponerse plazos, dar el paso y poco a poco, empezar, porque no es malo poner  plazo a lo que es importante para nosotros, para que nuestros proyectos financieros se hagan realidad.

Si la Ley de Pareto, con su  principio del 80/20,  nos dice que priorizando un 20% de las cosas que hacemos podemos llegar a obtener un 80% de los resultados, la Ley de Parkinson nos dice que reduzcamos el tiempo disponible para centrarnos en lo importante.

De este modo, la mejor forma de aprovechar nuestro tiempo es seleccionar adecuadamente ese 20% importante de las cosas que hacemos y fijar un tiempo concreto, lo más corto posible, para hacerlas. Así nos centraremos en nuestra operativa “de calidad”,en  las cosas esenciales obteniendo un 80% del resultado, dedicando el tiempo mínimo a conseguirlo.

No dejar nunca de lado ni la dedicación ni el esfuerzo, por supuesto, pero focalizarnos para buscar lo que nos produce resultados, lo que nos hace avanzar, y apartarnos y rechazar  lo que nos hace perder tiempo…y dinero.

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