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El Síndrome de la Rana Hervida y el Trading

Hoy me ha preguntado el primo de mi vecino, si en el mundo del Trading y de las Inversiones, también existe lo que se llama “el síndrome de la rana hervida” y qué consecuencias puede tener para nosotros, para nuestras finanzas y para nuestros intereses personales y económicos.

Hay una fábula muy ilustrativa de ésto, llamada precisamente así “La rana que no sabía que estaba hervida” y que describe muy acertadamente lo que supone dicho síndrome y en qué consiste, y cómo puede también afectarnos casi sin que nos demos cuenta realmente de ello…

En dicho cuento muy breve se nos presenta a una inocente ranita, que de inicio está tranquilamente en una olla o cazuela llena de agua, a temperatura ambiente, y en la que nada de un lado a otro totalmente feliz  y despreocupada.

Poco a poco, y sin que ésta se dé cuenta, se empieza a calentar dicha olla, poniéndola a fuego lento, y a muy baja temperatura.

Después de un rato, la rana incluso se encuentra más agusto, ya que el agua va poniéndose tibia y sigue nadando con mayor sensación de bienestar.

Al continuar el fuego encendido, lógicamente el agua se va calentando más y más…Ya no está tan cómoda y hasta empieza a estar algo molesta, pero como todo sucede tan lenta y gradualmente, casi sin que se dé cuenta, no se inquieta demasiado y continúa sumergida sin inmutarse demasiado. Además, el calor le produce cierta sensación de somnolencia y cansancio.

En unos minutos, el agua ya está muy muy caliente, y éso ya le parece a la pobre rana más que desagradable, pero se encuentra agotada después de haber estado el tiempo previo adormeciéndose con esa temperatura que iba adquiriendo el recipiente y ya, a lo único que puede limitarse, es a aguantarse y a dejarse flotar sin más, hasta que inevitablemente termina en poco tiempo hervida del todo y para siempre…

La paradoja es que si hubiéramos echado la rana a esa cazuela o si ella se hubiera sumergido directamente en la misma y el agua estuviera ya desde el principio a una temperatura de por ejemplo 50 grados, se habría percatado rápidamente del peligro y habría dado un salto huyendo del peligro.

Ésto viene a concluir que si echamos una rana en una olla con agua fría y lentamente vamos calentando el agua puede llegar a hervir y morir sin darse apenas cuenta de ello, ya que no se va percatándose de ello . En cambio si echamos la rana al agua ya caliente, ésta pegará un salto como reacción frente a esa situación de peligro inmediato.

Y nosotros…¿cuántas veces aguantamos una situación desagradable, algo que nos desgasta y daña lentamente y casi sin que nos demos cuenta y de tal modo que cuando queremos reaccionar ya o bien no tenemos fuerzas o nos hemos acostumbrado tanto que ya nos resulta imposible salir de ello?

 

Con frecuencia somos capaces de aguantar y aguantar mucho más de lo que en principio imaginaríamos, situaciones y circunstancias que nos hace daño (personal y económico) y nos ponemos mil excusas para ello (comodidad, ignorancia, costumbre, miedo, conformismo…), y luego, con el tiempo, cuando hemos salido de ellas (heridos, con menos moral o con menos dinero…o totalmente “hervidos” y bastante dañados, miramos hacia atrás y nos preguntamos ¿pero por qué he aguantado tanto tiempo sin hacer nada? ¿cómo he podido soportarlo y estar quieto, indiferente, sin darme cuenta de ello?

Muchas veces, cuando un cambio se introduce de forma lenta en nuestras vidas, parece como que escapa de nuestra conciencia, y ello hace que no seamos capaces de prepararnos para dar una respuesta o una reacción ante esa situación que lentamente se va volviendo peligrosa, incómoda e insostenible. Nos quedamos sin los recursos necesarios para poder afrontarla una vez que tomamos conciencia, y al final, las consecuencias desagradables van a terminar por aparecer, pero igual ya estamos demasiado débiles para poder afrontarlas o solucionarlos a tiempo.

Podríamos poner muchos ejemplos claros, aplicados tanto al mundo de las finanzas y los mercados, como a la vida en general:

-permanecemos en un determinado trabajo o en una relación sentimental que nos daña y que nos va “quemando” paulatinamente, pero nos vamos conformando, resignando, soportando…y o bien nos “hervimos” del todo, o cuando salimos y damos ese necesario paso adelante, comprobamos que hemos estado aguantando más tiempo del que deberíamos y sufriendo más de la cuenta.

-permanecemos quietos ante supuestas amistades y determinados compromisos que muchas veces no nos aportan absolutamente nada y que además, nos aminoran tiempo, energía y con frecuencia, hasta dinero…pero por lo que sea, no somos capaces de decir “no” y nos resignamos “sin saltar”.

-permanecemos comprados en un determinado activo financiero, en una acción de un banco o de una compañía tecnológica, o en una moneda determinada que va devaluándose y perdiendo valor lenta pero continuamente, y miramos hacia otro lado y no  hacemos absolutamente nada, hasta que nos damos cuenta que ya es demasiado tarde y puede que terminemos perdiendo todo o mucho más de lo que imaginamos.

-permanecemos en un negocio o en una inversión concreta que no nos causa más que deterioro económico y dolor de cabeza, pero no nos atrevemos a abandonar o cerrar hasta que ya la situación es insostenible.

-permanecemos con malos hábitos alimenticios, de salud, de falta de ejercicio físico, abuso de tabaco, alcohol, sedentarismo…actitudes y costumbres que nos van causando pequeños malestares que no queremos o no sabemos ver, hasta que de improviso surgen patologías más profundas que pueden resultar muy difíciles y dañinas de tratar, por no haberlo hecho y visto a tiempo.

Es decir, nos adaptamos a algo que nos parece beneficioso (en lo personal, en lo económico, en temas laborales, de relaciones, de salud, de inversiones…), nos acomodamos sin pararnos a preguntarnos si es éso lo que queremos y si nos está aportando algún bienestar o beneficio o si nos está perjudicando.

No engañamos a nosotros mismos para crear una situación confortable que nos es real y así, tan solo momentáneamente, evitamos y escapamos de lo que nos está produciendo un malestar profundo y mucho más peligroso a la larga. Nos acomodamos  y resignamos tanto que no miramos ni dentro de nosotros ni a lo que las experiencias de los demás nos puedan enseñar.

Es por ello por lo que resulta preciso estar atento, no resignarnos “a flotar”, sin más y tratar de identificar cuando algo “nos está quemando”. Ponernos límites, y analizar, si cuando lo estemos pasando mal (material, individual o económicamente) es porque esperamos conseguir un objetivo mejor, porque nos va a aportar una determinada ventaja a la larga, o porque simplemente nos estamos “adormeciendo” y acomodando.

Puede que nos dé pánico salir de nuestra propia zona de confort, y que nos resignemos a no progresar personal y económicamente. Pero se trataría de intentar ponernos límites, pautas, objetivos…y una vez que los tengamos definidos, cumplirlos sin excusas. Empezar lo antes posible, y sin esperar a que sea demasiado tarde y a que la situación se vuelva irreversible, ya que entonces el esfuerzo que va a requerir controlar la situación puede que resulte tan grande que nos derrumbemos, nos abandonemos y acabemos hervidos, como la rana.

El miedo y la comodidad es el agua que nos va hirviendo por dentro, y ese agua seguirá ardiendo si tú no reaccionas, y piensas que éso es “lo normal”…¿prefieres conformarte y  acabar achicharrándote o te atreves a decir basta a todo aquello que en tu vida y en tus inversiones no te convenga?.

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